
Una trabajadora autónoma de 37 años ha logrado que la Justicia le reconozca una incapacidad permanente absoluta tras demostrar que sufría un severo agotamiento físico y mental derivado del síndrome de fatiga crónica. La decisión judicial revoca la negativa inicial de la Seguridad Social y reconoce que su estado de salud le impedía desarrollar cualquier actividad laboral con normalidad.
La afectada trabajaba como auxiliar administrativa y realizaba tareas continuadas frente al ordenador. Según los informes médicos presentados durante el proceso, padecía síntomas incapacitantes como fatiga extrema, dolores constantes, problemas de concentración, niebla mental, cefaleas y una importante limitación para realizar actividades cotidianas.
Aunque el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) rechazó inicialmente concederle la prestación al considerar que no existían pruebas suficientes de sus limitaciones funcionales, la trabajadora decidió recurrir la resolución ante los tribunales. Finalmente, la Justicia concluyó que las patologías sufridas afectaban de manera grave y permanente a su capacidad laboral.
La sentencia reconoce su derecho a percibir una pensión equivalente al 100% de la base reguladora, con carácter retroactivo desde la fecha en la que se denegó inicialmente la incapacidad. El caso se ha convertido en un ejemplo relevante para muchas personas que padecen enfermedades crónicas o invisibles y encuentran dificultades para obtener el reconocimiento de una incapacidad laboral.
Este tipo de resoluciones también pone de relieve la importancia de contar con informes médicos especializados y asesoramiento jurídico adecuado para reclamar prestaciones por incapacidad permanente, especialmente en situaciones relacionadas con enfermedades complejas como el síndrome de fatiga crónica o trastornos de agotamiento severo.